Características del Heavy Metal más tradicional, y rasgos del Death Metal más visceral. Riffs veloces y pasajes armónicos de guitarras, combinados con voces guturales, doblebombo y una distorsión agresiva hasta la médula. Quién podría resistirse a un estilo tan atrapante y a la vez elaborado como aquel que marcó la escena de Gothemburgo, la segunda ciudad en importancia del territorio sueco, que definitivamente fue impulsada por tres agrupaciones que pronto se convirtieron en fundadoras y líderes de una novedosa forma de concebir el género. Hablamos de Dark Tranquillity, que le legó su vocalista original a In Flames, banda ésta última fundamental para entender el curso de esta historia. Y hablamos de At The Gates, quienes en 1990 vieron la luz, teniendo como principal interés la experimentación, disco tras disco.
Pero la historia comienza un poco antes. En una escena mundial marcada por el incipiente surgimiento de las corrientes más extremas del género – el Death y el Black cosechaban para sí sus primeros intérpretes en territorio europeo y norteamericano -, en Suecia nacía Infestation, que sería ni más ni menos que la piedra fundacional de At The Gates. ¿Su propuesta? Un Death Metal que, ni por brutal ni veloz, se resignaba a perder el componente melódico, sobre todo en lo que respecta a la labor de sus guitarristas. “Creo que tratamos de algún modo de ser los King Crimson del Death Metal o algo por el estilo. De todas formas, siempre escuchábamos Death Metal del viejo: Insanity, Possessed, Dark Angel, y también Slayer y Judas Priest, que han sido nuestra primer influencia. Slayer y Judas Priest son las dos bandas que todos tenemos en común como favoritas”, señalaba por aquel entonces Tomas Lindberg, vocalista y líder de la agrupación.
Un par de años después, y adoptando el formato de quinteto, la banda adoptaría como nombre At The Gates y debutaría en la escena con un primer EP titulado Gardens Of Grief, contando entre sus filas con Lindberg en la voz, Anders Bjorler en guitarra, Adrian Erlandsson en batería, Jonas Bjorler en bajo y Alf Svensson en guitarra. Junto a contemporáneos como Dismember, Bolt Thrower, Massacre e Immolation, esta primer formación se dedicó a girar por todo Suecia, ante un público hambriento de Metal Extremo, y en una época en que la banda aún luchaba por definir su propio estilo tras recibir influencias tan variadas. “Quien me llevó a cantar fue Jeff Becerra de Possessed. El fue mi mayor inspiración cuando comencé. Siempre tuve como fuente de inspiración aquellos vocalistas que tenían un tono de voz desesperado, agresivo que realmente me gusta... Como Pentagram. Me gusta como van al límite, pero aún así podés sentir que se están controlando, y eso es lo que yo trato de hacer”.
Claramente, no eran los miembros de At The Gates los únicos en experimentar con este nuevo sonido. Sus coterráneos de In Flames, aún con Mikael Stanne en las voces, pronto fueron señalados como uno de los innovadores en este aspecto, en un estilo que logró consolidarse con toda la fuerza para su álbum The Jester Race. Sin embargo, a pesar de haber sido catalogadas ambas bandas como pioneras de lo que después se conocería como el “sonido de Gothemburgo”, cada una tenía su particularidad. Así lo señalaba Lindberg en una entrevista concedida algunos años después: “Hay una gran diferencia entre At The Gates e In Flames, y espero que todo el mundo de sé cuenta de ello. Nosotros estamos más enfocados en la brutalidad. No componemos solo con melodías, somos una banda de Death Metal. El “sonido de Gothemburgo” es para mí una entidad que no tiene existencia. At The Gates, In Flames y Dark Tranquillity pertenecen a tres universos diferentes”.
Probablemente, por ese deseo de sobresalir y mostrarse como una alternativa sumamente original, poco le costó a At The Gates el conseguir su primer contrato con un sello discográfico: The Red In The Sky Is Ours, su LP debut, fue lanzado en Noviembre de 1991 por Peaceville Records, una compañía que en tan solo años se haría de un gran nombre en la escena. Ello les valió su primer gira europea junto a My Dying Bride, poco antes de que los suecos comenzaran a trabajar sobre el que sería su segunda placa, With Fear I Kiss The Burning Darkness, que vería la luz en 1993. En esta nueva entrega, el quinteto se empeñaba en combinar lo más oscuro y siniestro del Death con lo más mórbido del Black, logrando una obra realmente única. At The Gates no necesitaba de una labor tan esmerada desde la producción: su sonido, crudo, espeluznante, caótico encontraba su punto cúlmine en este disco que asumió el desafío de concitar el apoyo de sus seguidores en el Viejo Continente.
Sin embargo, el verdadero punto de quiebre en la carrera de At The Gates llegaría un año después, con un disco que marcó un hito fundamental en la historia del Death Melódico nórdico. Para ese entonces, la alineación de la banda había cambiado radicalmente, tras la inclusión Martin Larsson en guitarra líder para complementar la extraordinaria labor de los hermanos Jonas y Anders Björler, en bajo y guitarras respectivamente. La diferencia con los álbumes previos fue mayúscula. De hecho, la revista Kerrang! llegó a catalogarlos como los sucesores del legado de Entombed. Riffs potentes y articulados, pasajes acústicos, e incluso algunos arreglos de cello y viola marcaban a fuego un disco que, curiosamente, estaba conformado mitad por temas nuevos, mitad por clásicos grabados en vivo. Terminal Spirit Disease fue, sin dudas, el encargado de llevar el trabajo compositivo de At The Gates a otro plano, sirviendo a su vez de puente para el que sería el último lanzamiento de la agrupación antes de su separación.
A mediados de 1995, todo parecía marchar viento en popa para At The Gates: habían logrado firmar con Earache Records un contrato que los llevaría nuevamente al estudio de grabación, lugar que se había convertido en una suerte de segundo hogar para los suecos, acostumbrados a sorprender año tras año con un nuevo lanzamiento. “At The Gates vuelven a poner sobre la mesa el punto en el que la brutalidad puede ser melódica”, titulaba una de las publicaciones europeas más reconocidas al criticar un material que vio la luz ese año bajo el nombre de Slaughter Of The Soul. Y, efectivamente, de eso se trataba. Tomando como central las melodías construidas a dos guitarras, sin perder la crudeza que los caracterizaba, pero tampoco volviendo el tiempo atrás, At The Gates mostraba que la evolución de su sonido iba en dirección de un refinamiento de su estilo, algo que implicaba también sumar teclados a alguno de sus temas. Su corte de difusión “Blinded By Fear” alcanzó una constante rotación en Mtv ante la creciente demanda del público.
En relación a lo novedoso de este nuevo disco para la trayectoria de At The Gates, Lindberg detallaba por esos años que “hubo un cambio real, que se hace visible en el hecho de que este disco es más directo y más agresivo, más veloz, pero hemos incorporado a su vez nuevas ideas, nuevas estructuras para los temas y cosas por el estilo, para probar y poder desarrollarnos. Lo importante para nosotros es escribir buenos temas. Nos concentramos mucho en eso para este disco”. Las giras se sucedían, esta vez con Morbid Angel y Napalm Death. Pero no todo era color de rosa para el quinteto sueco. Cuando todo parecía estar en su punto cúlmine, lo impensable sucedió: los hermanos Björler tomaron la decisión de abandonar la banda para formar un nuevo proyecto junto con Erlandsson, The Haunted. Y sin ellos, nada sería lo mismo. “Tuvimos un par de años girando arduamente, y nos cansamos de nosotros mismos. Básicamente, si hubiésemos sido mayores, podríamos habernos tomado un descanso y calmarnos. Pero éramos muy inmaduros y orgullosos”, explicó Lindberg.
Sin embargo, si esta decisión hubiese sido irreversible, probablemente no estaríamos hoy escribiendo este informe. Porque parece que, en este nuevo siglo, todo vuelve. Así fue como en el 2007, At The Gates anunció una primera reunión, a partir de la cual participaron en una serie de festivales europeos como el Graspop Metal Meeting, el Wacken Open Air, el Hellfest, y el Bloodstock Open Air, entre otros. Luego de ello, se unieron a The Dillinger Escape Plan, Mayhem y otras bandas para realizar su primer tour por Japón. Una segunda reunión fue noticia en el 2010, gracias a la cual tuvieron oportunidad de presentarse en el Metaltown que se llevó a cabo en el 2011, para finalmente anunciar lo que muchos de sus seguidores hispanoparlantes estaban esperando: su primera visita a Sudamérica, planificada para Julio del 2012.
“No sólo pudimos haber evitado los conflictos, sino que hoy hablamos y nos preguntamos ¿cuáles eran esos conflictos? (risas). Ese es el sentimiento. No había grandes conflictos en ese entonces, tampoco. Era más que nada la presión y el cansancio. Realmente disfrutamos la gira de reunión en este verano, y ya sentimos que somos una banda nuevamente, nos hemos hecho muy buenos amigos, y comenzamos a salir de nuevo juntos. Me dí cuenta que son como aquellos amigos de la infancia con los que uno sale. Como somos todos músicos, queremos dejar la puerta abierta a todas las posibilidades. ¿Quién sabe? Quizás algún día podemos hacer una banda de Punk. Nos gustaría hacer música juntos, en otros proyectos. Nos libraría de las expectativas por ser At The Gates. Siempre traté de encontrar diferentes caminos y experimentar con diferentes ideas para ver qué se me puede ocurrir”. |