Históricamente, las grandes compañías discográficas y los medios de prensa se han afanado por etiquetar las diferentes propuestas musicales surgidas al calor del nacimiento del Heavy Metal, así como de tantos otros géneros, con el fin de reivindicar las pretensiones de originalidad de cada banda que iba dando luz a una nueva forma de entender el género. Así, surgieron las subdivisiones dentro del estilo – Power, Thrash, Progresivo, Death, Neoclásico, Doom, Black -, cada una con sus particularidades, ya sea la predominancia del doblebombo, de solos a velocidades increíbles, de melodías pomposas, o de bases sacudidas por blast beats y voces guturales. Sin embargo, la tendencia a la fusión de estilos ha dado lugar a nuevas clasificaciones en estos últimos años. Y, si lo miramos con mucho cariño, el Math Metal puede estar claramente dentro de ellas.
Sin embargo, no estamos diciendo nada aún sobre este enigmático “nuevo” subgénero. ¿Qué es el Math Metal? ¿Cuáles son los rasgos que los distinguen, por ejemplo, del Progresivo más tradicional? ¿Quiénes son aquellos que pueden ser considerados bajo su protección? Es importante hacer una aclaración: no hay respuestas únivocas en este aspecto. Pareciera ser como si este espacio estuviera en constante redefinición no sólo por parte de los músicos que lo ejecutan, sino también por parte del público, que no logra ponerse del todo de acuerdo respecto a qué bandas incluir en este espectro. Pero vamos a ensayar nuestra propia respuesta, basada en la evidencia que tenemos hasta el momento. El Math Metal se caracteriza por su meticulosidad, sus formas de composición atípicas, disonantes, con un sello que recupera el sonido de los noventas – con su particular gusto por las afinaciones bajas -, agregándole a la sazón una buena carga de tecnicismo. Aquí anidan la polirritmia, una especie de contrapunto musical entre lo percusivo y lo vocal, y la polimetría, en menos grado; el toque final, lo dará la inclinación hacia el Metal Extremo o el HardCore. Más veloz que el Progresivo, más técnico que el mero Death, más experimental que el HardCore: como una hidra, el Math Metal parece tener cientos de cabezas.
Por supuesto que éste híbrido no nació como una exclusividad dentro del Metal. Para remontarnos a sus orígenes, debemos mencionar la labor de bandas como Don Caballero, inscriptas dentro de lo que en su momento se denominó Math Rock. El aluvión de nuevas propuestas, durante los noventas, encontró como principal referente del Math Metal a The Dillinger Escape Plan: una banda que se animó a introducir elementos del jazz – tempo dinámico, diferentes y complejos patrones percusivos -, dejándolos jugar libremente con solos de guitarra más melódicos y voces bien crudas. Cercano al HardCore, claramente, pero con un talento técnico que mucho tiene de aquellos guitarristas líderes en el Heavy Metal de antaño. Lo conseguido a través de la fusión es algo, como muchos podrán argumentar, heredado del Rock Experimental de los años ochenta. Eso está fuera de discusión. Sin embargo, ¿cómo podríamos restringir a una década el alcance de la experimentación? ¿No se trata justamente de incentivar el surgimiento de nuevas bandas, que sigan apostando por un subestilo complejo y difícil de encasillar? Como las Matemáticas, ciencia a la que hace honor el nombre de esta vertiente por esos ritmos que escapan al 4x4 para enredarse en el 7x8, 11x8 o 13x8, el Math Metal se hace en la práctica.
Por ese motivo, ¿gustan acompañarnos en un breve pero sinuoso viaje a través de las bandas que, caprichosamente, arbitrariamente, hemos elegido para presentarles este subestilo? Adelante, entonces:
Behold... The Arctopus: desde la ciudad de Nueva York, el intenso y virtuoso trío que se asomó al Metal Progresivo, trepándose por el paredón del Avant Garde. Sin caer en la repetición ni en el cliché, coquetearon con pasajes propios de la música clásica en algunas de sus obras hasta lograr atraer la atención del sello Metal Blade Records, que editó su primer album de larga duración “Skullgrid”. ¿A quiénes se dieron el gusto de telonear? Nada más ni nada menos que a los propios The Dillinger Escape Plan.
Between The Buried And Me: nacidos en Raleigh, Carolina del Norte, editaron su homónima ópera prima allá en el 2002 vía Lifeforce Records, trasel cual consiguieron un suculento contrato con Victory Records para su próxima producción, lanzada un año después bajo el título “The Silent Circus”. Con “Colors”, le llegó el momento a estos buenos muchachos de honrar sus notorias raíces jazzeras/progresivas, y avanzar hasta el lanzamiento en el 2011 de un nuevo EP de tres temas, a modo de adelanto de su quinto trabajo en estudio.
Born Of Osiris: surgidos de la escena de Palatine, Illinois, luego de innumerables cambios de nombre. En el 2007 decidieron finalmente adoptar el que los identificó frente a un público metalero en búsqueda de métricas retorcidas y aires renovados. A estos norteamericanos que decidieron honrar la leyenda de la deidad egipcia les llegó su gran momento cuando su disco “A Hugher Place” alcanzó el puesto número 73 en el chart de Billboard 200. Nada mal para una banda novata pero con muy buenas ideas.
Conducting From The Grave: formada por ex miembros de With Passion y Promising Tomorrow, entre otras, lograron consolidarse en el 2004 para protagonizar el lanzamiento de su primera grabación en ese mismo año. “Trials Of Forsaken” vio la luz en el 2005 y fue presentado en un tour que recorrió toda la extensión de Estados Unidos aunque, luego de sufrir un drástico cambio de integrantes, poco se sabe acerca del futuro de la banda. ¿Seguirá o su trabajo quedará eclipsado por proyectos paralelos? Sólo el tiempo lo dirá...
Fleshgod Apocalypse: la partera le vio los ojos en Abril del 2007 a ese retoño que, poco después, ya estaba firmando con Neurotic Records. Un año después, ya se encontraba de gira no sólo por Italia – su suelo natal – sino incluso por el resto de Europa, como banda soporte de agrupaciones de la talla de Behemoth, Dying Fetus, Hate Eternal, Napalm Death y más. Un cambio de sello le precedió a la grabación de “Oracles”, su más reciente trabajo en estudio.
Hiroshima Will Burn: emparentados en un primer momento con el DeathCore (aunque algunos le niegan la existencia a semejante término), a estos australianos los alimentaron con una dieta en base al más rugiente Brutal Death Metal, aunque al crecer han adoptado diferentes puntos de vista a los de sus referentes musicales. El equilibrio perfecto entre la extrema violencia y el tecnicismo, con pasajes gritados y podridos por igual.
Periphery: regresamos a Washington D.C., y a una de las bandas que más juega con la fusión en suelo norteamericano. Un poco de Groove polimétrico, otro tanto melódico, y una constante lucha por correr más allá los límites del espectro moderno dentro del Metal. Su primer album, “Periphery”, es una joya reluciente que debutó en el puesto 128 de los Billboard 200, luego de que la banda pudiera lucirse con todas las letras al telonear a DevilDriver, Fear Factory, y muchas bandas más.
TesseracT: con acento británico, estos metaleros han llegado a las planas de las mejores revistas especializadas gracias al trabajo condensado en “One”. Dueños de una visión creativa única, recibieron halagos de los propios Meshuggah y consiguieron hacerse de un buen hato de seguidores en la escena internacional gracias a Internet como principal herramienta de difusión y a puestas en vivo tan explosivas como lo que se puede escuchar en un equipo de audio. Experimentación, emoción y buen ritmo: sus mejores armas.
The Arusha Accord: también originarios de Gran Bretaña, les gusta usar el término Post-HardCore a la hora de referirse a su producción musical, que no es más que una buena mezcla entre Math Rock, Progresivo y Metal Extremo. ¿Sus referentes? Tool, Converge y The Dillinger Escape Plan. ¿Su obra? Comenzamos por un EP (“Nightmares Of The Ocean”) tan agresivo como prolijo; concluimos con su primer LP (“The Echo Verses”) capaz de dejar mudo al más quisquilloso de todos los fanáticos de la técnica.
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