Que dos bandas de alto calibre se presenten juntas, en estas latitudes, es un fenómeno que a estas alturas no debería resultarnos llamativo. Ahora, que en esas dos agrupaciones estén presentes músicos que ayudaron a definir las bases de dos estilos imprescindibles como el Hard Rock y el Power Metal, le daba un toque sumamente especial al evento que se llevaría a cabo el Sábado 12 de Mayo en el Teatro de Flores. Y si a eso le sumamos que ambos se encontraban adelantando material de sus novísimas producciones - Firebirth, perteneciente a los suizos, y Unisonic, en el caso de la homónima tropa liderada por Michael Kiske – y que el primer show de la gira sudamericana iba a ser en nuestro Buenos Aires querido, esta noche se volvería mágicamente especial.
Fueron los miembros de Conjuro - Andrés Chindamo en bajo, Ezequiel Fontana en guitarra, Ariel Fontana en voz y Gustavo Rodríguez en batería - los encargados de dar inicio a la fecha con el Hard Rock que es la insignia de su debut, Próximo Juego, editado el año pasado. Fue así como, gozando de un excelente sonido, se posicionaron sobre las tablas dejando que su frontman tomara la delantera con un registro más que apropiado para el género, encontrando eco en los coros de sus compañeros. Temas bien estructurados y gancheros como “Reina en la Basura” y “Sin Razón” fueron muy bien recibidos por parte del público, algo a lo que contribuyó la calidad del quinteto oriundo de Moreno, que se manejó con un nivel pocas veces visto entre las bandas teloneras de este tipo de eventos. Presentando algunos temas nuevos, se volcaron hacia una arista más melódica, cercana a las propuestas de Bon Jovi, Whitesnake, pero también de un Ozzy de los 80´s. En tono de balada, “Cuando Siento tu Calor” fue sucedida por “Próximo Juego”, rematando con un cover una presentación sin márgenes para el error.
Rompiendo todos los esquemas esperados para la fecha, la banda originaria de la localidad de Santos Lugares, Resist - integrada por Claudio Rodriguez en voz, Nicolás Pierce en teclados, Ariel Galera en guitarra, Nicolás Jourdain en batería, Leandro Galera en bajo – serían los responsables de sumarle el toque de Heavy Progresivo a la tarde, contando sin embargo con un frontman que, con un buen manejo de agudos, mostró que lo suyo no está tampoco muy lejos del Power Metal. Así, con algunos pasajes a mid tempo, el quinteto fue construyendo temas complejos, que toman lo que bandas de la talla de Rush y Dream Theater han legado a modo de enseñanza, para ir un poco más allá de las barreras del estilo, sumando potentes melodías. “Un Mundo Lleno de Faltantes”, uno de los temas más destacables de su setlist, hizo evidente que a pesar de que la propuesta de la banda está orientada hacia otro público, hubo señales de respeto por parte de los presentes, que terminó traduciéndose en un gran apoyo tras la aparición de Javier Barrozo (ex Lörihen/Imperio, actual Magnos) para interpretar “Land Of The Free” de Gamma Ray. “Despertar” sería el tema finalmente seleccionado para darle el cierre a su presentación.
Hace apenas un año y medio, su continuidad como banda era objeto de dudas, y sin embargo hoy los teníamos aquí, escondidos detrás del telón, prestos a salir a escena. Porque hay veces en que la pasión puede más que cualquier infortunio o tragedia. Esa es la historia de Gotthard, las leyendas suizas del Hard Rock que no sólo cumplen en este nuevo milenio dos décadas de existencia, sino que a su vez se han animado a cruzarse hacia el hemisferio sur por primera vez, dispuestos a recorrer lo mejor de su carrera, y por qué no, presentar de manera prácticamente exclusiva los temas de Firebirth, el disco que en tan sólo un mes estará viendo la luz, tal como nos comentaba su guitarrista Freddy Scherer en una entrevista que podés leer . Pero no sería él sino su co-equiper Leo Leoni quien daría los primeros pasos sobre el tablado porteño ante la ovación generalizada, haciéndole lugar a sus restantes compañeros hasta el arribo de Nic Maeder, micrófono en mano, sombrero calzado y cadenas al cuello.
Con “Dream On”, tema perteneciente a Lipservice, uno de los álbumes más celebrados del quinteto esta noche devenido en sexteto tras la inclusión de Ernesto Ghezzi en teclados, los suizos le daban la bienvenida a un público que quizás jamás imaginó verlos alguna vez en vivo. Y si bien cualquiera pensaría que es casi imposible calzarse los zapatos del fallecido Steve Lee, este nuevo y joven vocalista no se rindió ante semejante desafío, cazando la viola eléctrica para acompañar a Scherer y Leoni en un adelanto de su próximo trabajo en estudio, “Starlight”, uno de esos temas que lo tienen todo para convertirse en hits radiales. Y si hablamos de novedades, hay que destacar un dato más que importante: Gotthard no ha perdido con el pasar de los años ese sonido distintivo, esos riffs inconfundiblemente sólidos, que aparecerían nuevamente un poco más adelante, en “Give Me Real”, y que muestran que por más que la cara de la banda ya no esté, se puede seguir adelante con dignidad. Sin embargo, la orden para que la fiesta se volviera más y más agitada la daría “Top Of The World” coreado con potencia tanto arriba como abajo del escenario, sobre el que la dupla de Marc Lynn en bajo y Hena Habegger en batería entretejían peso y empuje, precisión y buena rítmica.
Bajando las revoluciones, y de forma sumamente respetuosa, Maeder se posicionaba luego al frente para encarar “Need To Believe”, el corte de difusión de la última placa en la que participó Lee, con una técnica vocal y un sentimiento inenarrables. Pasábamos luego al G Spot para un cómico “Sister Moon”, antes de que “Master Of Illusion” y el lento “Remember It´s Me” tomaran posiciones. Para “One Life, One Soul”, por el contrario, Maeder eligió permanecer a solas, cantando a capella con el único acompañamiento de Ernesto Ghezzi, quien decidió sumarse durante los últimos minutos, antes de que las violas de Scherer y Leoni volvieran a poner todo patas para arriba de la mano de la celebración ochentera de “Mountain Mama”, con ese final a puro wa wa, como en tiempos del clásico Bon Jovi. “Right On”, otro de los estrenos de la noche, daría luego lugar a “Hush”, el cover de Billy Joe Royal que hiciera famoso Purple, para de allí saltar a lo que muchos esperaban... Lipservice volvía a las tablas con dos de sus hijos pródigos, “Lift U Up” y “Anytime Anywhere”, con los que el público terminó de perder la cabeza, mientras que el broche de oro le correspondería al cover de Bob Dylan, “The Mighty Quinn”.
Como si no fuese suficiente con tener una banda internacional consagrada, esta vez la apuesta se redoblaba y adquiría un significado especial para aquellos amantes de la escena de la música pesada alemana en los ochentas. Es qué, quien no enloqueció alguna vez con las alegres y alocadas melodías del Helloween más clásico, definitivamente no tiene sentimientos. Y qué más podríamos agregar que el dato de que dos de sus principales cabezas estarían en escasos minutos sobre esa misma tarima, reviviendo tanta historia, y a la vez proponiendo algo nuevo, diferente. “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me dan ganas de invadir Polonia”, decía Woody Allen en Misterioso Asesinato en Manhattan... Y parecía ser que Michael Kiske, Kai Hansen y compañía habían cambiado este objetivo por Argentina, porque cuando las luces cedieron ante la oscuridad, “El Vuelo de las Valkirias”, la introducción al tercer acto de la ópera del compositor germano inspirada el la obra “El Anillo de los Nibelungos”, invadió el ambiente, presagiando que uno de los shows más inolvidables de este 2012 estaba a punto de comenzar.
Para el momento en que “Unisonic” se decidió a inaugurar el setlist, Kiske ya estaba posicionado en toda su altura sobre la tarima, vistiendo pantalones a rayas negras y blancas de escasa sutileza, dispuesto a orquestar la emoción de esos seguidores suyos de larga data que, alucinados, coreaban los temas del álbum debut de la agrupación que ni siquiera había sido editado aún en nuestro país. Bondades destacables de internet y del ingenio pirata local aparte, Hansen, más inquieto aún que con Gamma Ray por haber delegado la tarea vocal en su compañero de aventuras desde Helloween, se reunía hacia la derecha con el ex Gotthard/ASIA/Krokus Mandy Meyer, y los ex Pink Cream 69 Dennis Ward en bajo y Kosta Zafiriou en batería, dando cuerda a “Never Too Late”. Kiske, mientras tanto, quedaba prácticamente solo, ocupando todo el espacio central, de piernas extendidas y bañado por la luz de los reflectores, concentrado, como si necesitara de ese clima tan especial para que su altamente peculiar voz, esa que se mantiene intacta desde los ochentas hasta hoy, fuera la verdadera protagonista del show.
Ya lo habíamos comprobado durante su visita previa con Avantasia, el proyecto artífice de su reencuentro con Hansen, y lo volvíamos a ratificar: Kiske es uno de los vocalistas más grandes del género. Punto. No necesita carisma en enormes cantidades para destacarse, no necesita mantener un diálogo fluido con su público, porque es pura técnica, pura rectitud. Claro que, para “Renegade”, las proporciones se invertirían, pasando Hansen al frente, soleando como los dioses, dándole una impronta más pesada a una banda que en un principio oscilaba entre el Hard Rock y el Metal Melódico. Es que el guitarrista ya es prácticamente un argentino más, después de las tantas oportunidades en que nos visitó. Y lógicamente no tardaría en pasar él también a la voz para “King For A Day”, tema en el que unió fuerzas nuevamente con Meyer para sumarle pirotecnia a rabiar a la cuestión. “I´ve Tried” y un festejado “My Sanctuary” le dejaron todo tendido a la primer sorpresita de su set para avanzar: se trataba de “March Of Time”, temazo del Keepers Of The Seven Keys II, que era todo lo que este público estaba esperando para armar un merecido pogo frente a la valla, algo que le hizo olvidar a Zafiriou por un momento su pasado hardrockero con Pink Cream 69 para abrazar la furia y la velocidad de los padres del Power Metal.
“Over The Rainbow” y “Star Rider” traerían nuevamente la calma y esos agudos imposibles de reproducir, netamente kiskeanos, antes de que Hansen llamara, soleando ensimismadamente, a Meyer para deleitarnos con una breve pero intensa competencia de shredders, y luego volver, con un pucho en la boca, para disputar terreno nuevamente en “Souls Alive”; Kiske bajaba entonces a la valla, y con los dos dedos en V cual buen militante peronista, se puso a saludar a Meyer desde abajo. Claro que semejante vocalista no tiene problema alguno en dejar el trabajo tablas arriba a sus compañeros, como volvió a hacer en “We Rise”, sucedida luego por “Never Change Me”. Pero la fecha no iba a terminar allí. Porque si hasta este entonces todo parecía perfecto, el bis iba a ser algo inimaginable. Bromeando, Hansen volvía con su Flying V blanca rememorando la melodía de “Hall Of The Mountain King”, para enganchar ahí nomás “Future World”, mientras su estribillo se estiraba más y más, cada vez que a Kiske se le ocurría canturrear temas de Rock de los 50s como “Blue Suede Shows” y “All Shook Up” de Elvis Presley, en un juego que terminar por dinamitar todo con “I Want Out”.
Nuestro agradecimiento a Marcela Scorca, responsable de prensa de Icarus Music, por extendernos las acreditaciones para cubrir este evento
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