Hace ya un tiempo hablábamos en las oficinas de Pop Art con Claudio “el Tano” Marciello en medio de una entrevista que podés leer , y en ese entonces, quien es uno de los guitarristas más originales de nuestro suelo, nos contaba acerca de las expectativas que tenía para su carrera solista tras el lanzamiento de Identificado, su tercer trabajo en estudio. Recién luego de casi un año y medio de espera, le tocaba a la segunda fuerza creativa en Almafuerte hacerse de un pequeño lugar en esa agenda tan apretada, para reencontrarse con sus seguidores en La Trastienda, y así recorrer todos aquellos temas que tantos extrañaban ver sobre los escenarios.
Cuando el lugar finalmente quedó a oscuras, cuatro figuras se escabulleron velozmente hacia sus puestos de batalla. En el centro y bien firme frente al micrófono, un sitio en el que resulta quizás un tanto extraño verlo después de tantos años junto a Ricardo Iorio, se ubicaba Marciello, de vestimenta casual, portando su clásica Ibanez CM 250 negra, aquella que se ha convertido en su fiel compañera cada vez que se presenta en vivo aunque últimamente haya pegado el faltazo en algún que otro show. A sus espaldas, la única mujer que pisaría las tablas en esta noche, y que demostraría que la potencia no es sólo atributo del sexo masculino: hablamos de su hija, Melina Marciello, quien también se desempeña en DonnaMorta, proyecto en que comparte espacio con Paula, hija de otro pródigo shredder local como lo es Daniel Telis. Rodeándolo, se situaban Pablo Marciello, encargado de completar el vínculo familiar y responsable de traer la experiencia adquirida como teladista en El Reloj, y Leo Radaelli, un bajista que nos dejaría a todos sin aliento por su originalidad, actitud e increíble performance. Todos ellos, como se encargaría de aclarar poco después Marciello, pertenecientes a estas nuevas generaciones cuya tarea será renovar la escena uno de estos días.
¿El tema elegido a modo de comienzo del show? Ni más ni menos que “Motivo Ciudadano”, aquel instrumental perteneciente al A Fondo Blanco, pero versionado de tal manera que terminó adquiriendo un carácter sumamente particular: en parte, debido a la inclusión de esas teclas bien setentosas, a lo Purple, elemento que carecía el original, por supuesto. Y es que estos cuatro estaban llamados a protagonizar un show tan único como enérgico, con una entrega que parecía como si estuviéramos en el Teatro de Flores y no en La Trastienda. Claramente, la cercanía del público también le dio otro color, otro espíritu a la noche. La experiencia de tenerlo a Marciello mirándolo a uno mientras canta sus temas es algo que en un lugar más vasto no puede sentirse. Sin siquiera mediar palabra con los presentes aún, Marciello se empeñaba luego en transportarnos a su segundo lanzamiento solista, De Pie, con “Adelante”; y qué maravilla verlo cada vez que solea, de esa forma tan propia, tan maravillosamente autóctona, tan deudora de las raíces rockero-bluseras que ostenta, sin respetar escalas ni dejarse restringir por ningún tipo de aspecto técnico. Marciello toca desde el corazón, y eso es lo que les transmite a sus seguidores: algo que nace desde el alma.
“Estoy muy contento, no pensé que iba a venir tanta gente... Yo no soy muy charleta, soy más de sentir, y esto me emociona mucho”, alcanzó a decir, con esa humildad que lo sobrepasa, y que lo ha convertido en uno de los músicos más adorados en un ambiente que no siempre se caracteriza por la buena prediposición de sus protagonistas. Claro que con lo de “charleta”, el Tano hacía referencia directa a esa personalidad tan verborrágica de Iorio, quien hace algunos años supo ponerle su voz al tema que ya se aproximaba en la lista, y que marcaba un antes y un después en Puesto en Marcha. “Libre de Temor” encontró a los presentes empujándose por aproximarse al escenario, para ponerle también el pecho a semejante centro. Y claro, la diferencia entre aquella fecha en el ND Ateneo allá por el 2004 en que resultaba tan difícil guardar respetuoso asiento tras la irrupción del fundador de V8, Hermética y Almafuerte en la tarima, y ésta, en que saltar y gritar estaba totalmente permitido, era abismal. Y el Tano, sin ser cantor de oficio, se las ingenió de muy buena forma para ponerle la entonación a aquellas estrofas que rezan “que no te importe el qué dirán, eso es tener aguante”.
Zapando, jugando con las cuerdas, por momentos ensimismado pero sin perder jamás de vista lo que hacían sus co-equipers, Marciello le dedicaba luego “Te Ví Pelear” a un amigo que ya no está, con la estructura simple y directa que predomina entre los temas de Identificado, mientras Radaelli saltaba con su bajo a cuestas, agitaba y cantaba a la par del Tano, con una alegría y una efusividad imposibles de describir. No era de extrañar que, entre un público en el que lógicamente primaban los buzos de Almafuerte, el mayor despiole se armara cada vez que hacía su aparición alguno de los temas cantados originalmente por Iorio, como “Aunque Nos Pese El Infierno”, aunque claramente hay otros que brillan por cuenta propia: tal era el caso de “Banderas Rojas”, aquel himno dedicado al Gauchito Gil, ese santito popular cuya imagen lleva tatuada Marciello en su antebrazo, y al que no tardó en dedicarle esos riffs de inconfundible sabor rutero. “Encuentro”, presente en De Pie, marcaba luego la apertura de una senda exploratoria de esos ritmos folklóricos que siempre han influido en su modo de componer, combinados con una mayor cuota de melodía, presente también en temas más nuevos, como “El Show de Nahuel”, durante el cual el guitarrista aprovechó para condenar la explotación minera a cielo abierto, que tantas vidas está arrebatando a costa de un supuesto “progreso”.
Pero lo de Marciello no han dejado de ser los instrumentales, esos que hablan por sí solos, nacidos de esos trastes que sin necesidad de recurrir a las palabras construyen relatos, o reproducen la gloria de surcar los cielos; la libertad que por ejemplo se respira en “Pucará”, tema dedicado al avión más usado durante la Guerra de Malvinas. E incluso esos temas que recurren a las historias mínimas, como “De Noble Corazón”, con el que podríamos hasta trazar un paralelo con “Homenaje” de Almafuerte. Allí la teníamos a Melina haciendo girar las baquetas entre sus dedos mientras con la zurda de encargaba de la rítmica, haciendo que este fuera después de todo un show integral: uno en el que todos y cada uno de los músicos aportó su granito de arena, a diferencia de las presentaciones de otros guitarristas solistas que pretenden convertirse en el único centro de atención una vez que ganan los escenarios. Lo que ocurre es que el Tano no necesita fanfarronear para ganarse adeptos. Tan simple como eso. Por eso es que los momentos en que estuvo completamente solo sobre las tablas escasearon: únicamente tuvo esa oportunidad al momento de, con viola acústica al hombro, manotear algo de Rock, Tango y Folklore para “Las Junturas” y “Alma de Budín”, éste último tema perteneciente a Divididos. Y ya que estaba en tren de sentirse Identificado con su último trabajo en estudio, aprovechó para avanzar con una versatilidad que lo llevó a codearse con el Country, hasta encontrarse con “Buena Suerte” y “Me Fui de Viaje”, entre medio de las cuales presentó a quien fuera su mentor, su hermano.
El cambio de micrófono hecho entre tema y tema lo dejó unos momentos sin voz... O mejor dicho, lo dejó a merced de la voz del público, que se hizo escuchar en todo momento. Pero el momento cúlmine estaba tan sólo a escasos minutos de distancia: “Querido Padre”, al parecer de esta humilde servidora el mejor instrumental de toda la carrera solista del Tano, y con el que abría su debut allá por el 2001, estaba allí nomás, esperando a ser tarareado por los cientos y cientos que conocen estos temas casi tanto como el himno nacional. El Tano, por lo pronto, no se cansaba de apretarle la mano al otro Marciello presente, erigido tras las teclas como gran presdigitador e increíble intérprete. A “Rompe Barreras” le sucedía luego “Adiós Yoli”, también reversionada, aunque manteniéndose intacta su hermosa melancolía, con esos solos que nacen pura y exclusivamente de la zurda, que no se manca nunca a pesar de que no dirigirse a Huanguelén. “Un Caso en un Trillón”, el instrumental “Va Benne” y “Con Valor al Despertar” cerraban el ciclo correspondiente a Identificado, mientras que el broche de oro le correspondería a otros tres: “La Matanza”, tema con un significado especial por ser los cuatro músicos en esta noche presentes oriundos de dicho partido y que hace memoria sobre los pueblos originarios masacrados en el Oeste, “Vengo”, un canto a un barrio de obreros como lo es San Justo, y “Tenga Mano Tallador”, al que le pusiera la voz Norberto “Pappo” Napolitano, en versión freestyle, con slap de Radaelli y arreglos por doquier.
Nuestro agradecimiento a Rosario Freixedes, responsable de prensa de Pop Art, por extendernos las acreditaciones para cubrir este evento
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