“Es natural que aportemos lo que son nuestras influencias, lo que son nuestros estilos, y lo que fuimos nosotros también como principales compositores de las bandas a las que pertenecimos”, señalaba Andre Matos en una entrevista exclusiva concedida a nuestro medio que se puede leer , a tan solo semanas de la salida de “In Paradisum”, el debut de este nuevo proyecto que el ex Angra comparte con el fundador de Stratovarius, Timo Tolkki, y un equipo de ensueño para cualquier atento seguidor del Power Metal en los años ochenta y noventa. La promesa de visitar Argentina nos había sido formulada por el frontman paulista en ese entonces, e hicimos bien en tomarle la palabra: cuatro meses después, Symfonia aterrizaba en nuestro país por primera vez para un show de una longitud inesperada, y con sorpresas para todos los gustos.
La responsabilidad de la apertura del show recayó esta vez en manos de los integrantes de Resist - Claudio Rodríguez en voz, Nicolás Pierce en teclados, Ariel Galera en guitarra, Nicolás Jourdain en batería y Leandro Galera en bajo -, quienes ni bien tomaron las riendas de la situación se dispusieron a virar hacia el Rock Progresivo, género en el que este quinteto se destaca sin disimulo. Con un no tan breve pasaje instrumental, se encargaron de calentar los primeros minutos de su performance hasta el ingreso de su voz principal que, delineando las primeras estrofas de “Marcas del Pasado”, se sumó al excelente sonido del que disfrutó la banda en tamaña presentación. Un lugar común entre Rush, Yes y Dream Theater: por momentos trayendo al tablero de juego a la melodía, por otros decididamente entregados a la distorsión, pasando desde lo complejo a lo más directo, con “Nuevas Mareas”, en un verdadero desafío a los sentidos de quienes están más habituados a fórmulas simples. Pero la elección de covers justamente se dedicaron a zanjar diferencias con el público presente: “Nothing To Say” de Angra, versionada con una presencia mayor de teclados, se encargó de levantar el agite tablas abajo, para luego pasar a “Un Mundo Lleno de Faltantes” y finalmente terminar en “Die Young” de Black Sabbath.
Con una introducción de tintes clásicos nacida desde las teclas, y un comienzo con un volumen mucho más alto que el usado por sus predecesores, los miembros de Avgvrio - Lucas Fontana en voz, Diego A. Perez en guitarras, Ezequiel Ocampo en teclados, David Bernasconi en bajo y Matías Sala en batería – hicieron su aparición acompañados por el doblebombo, los solos de guitarra ultraveloces y los agudos que rigen en el más ortodozo Power Metal. La propuesta de esta banda claramente se podría identificar citando a grandes referentes internacionales
del estilo, como ser Stratovarius y su mezcla por momentos neoclásica, así como a aquellas bandas que se han atrevido a ser pioneras en ese terreno como Rata Blanca e Imperio. “Sinfonía Final” dio el puntapié inicial para un setlist que se encaminó dentro de una línea de la que el quinteto no se despegaría ni por un momento, y que continuaría en temas como “Espíritu Guerrero”. El ritmo, siempre constante, signado por una rapidez que no aflojó ni por un momento, nos llevó a recorrer algunos de los tracks que se encuentran en el primer trabajo que la agrupación editó hace muy poco tiempo, ante una audiencia que fue creciendo en número paulatinamente. “Ángel de la Soledad” y un más trabado “Revancha” fueron el cierre de su show.
Habían logrado tocar la fibra más íntima de nuestros hermanos rioplatenses de termo bajo el brazo hacía tan sólo un día, acompañando al acto principal de este evento en Montevideo, y les tocaba ahora hacer lo propio en su suelo natal… Una tarea que, con un disco como “Vestigios de un Sueño”, no iba a resultar para nada difícil. Pero de todas formas, Magnos no se iba a conformar con poco. Por eso es que, terminando de mutar una fecha que se esperaba fuera solamente orientada al Power Metal, cuando Javier Barrozo se asomó a escena, seguido por Eugenio Vela y Santiago Dominguez en guitarras, Coco Diaz en bajo y Leo Dobao en batería, la puerta quedó entreabierta para que la pesadez y los fraseos un poco más modernos se encargaran de dejarle las cosas bien calentitas a nuestros invitados. “Cruel Golpeador”, machacado y soleado a dúo, prueba irrefutable de los sustanciales cambios a nivel sonido con los que viene experimentando el quinteto, mantuvo sin embargo esa impronta intacta que el ex Lorihen sabe imprimir detrás del micrófono. Continuando con la presentación de su más reciente producción, “Sombras del Ayer” logró burlar los desperfectos técnicos que obligaron a la voz a desaparecer por unos instantes, aunque a los presentes poco les importaba este tipo de problemas: sumándose sin dudar a la propuesta de excelentes músicos nacionales que siguen jugándose por nuestro género, se encontraron replicando los coros a tres voces – Diaz, Vela, Dominguez – que empujaron a “Sueños Perdidos” a la palestra. “Acorazado” dio por concluida la primer parte del show de Magnos, cuya continuación se diferenciaría por recorrer el exitoso pasado de este proyecto. Así, comenzando con “Fugitivo de mi Suerte”, apelaron a quienes extrañaban los agudos de Barrozo y esos coros casi celestiales de sus compañeros de ruta, pasando luego a “Vuela Más Alto”. A la hora de poner el punto final, estos cinco optaron por una pizca de cada disco: de “Gritos” , el elegido fue “Dentro de mi Ser”; de “Vestigios de un Sueño”, “Voces en el Viento”.
Probablemente, quienes suelen quejarse de la demora de los artistas internacionales para apoderarse de los escenarios, hayan quedado curados de espanto con el debut de este equipo conformado únicamente por estrellas en el pequeño pero siempre sorprendente universo metalero. Mirémoslo desde una arista positiva: los protagonistas de este altamente esperado encuentro sabían que el hacerse esperar, definitivamente aumentaría las expectativas, el suspenso y la intriga de quienes ya casi no tenían uñas para seguir mordiendo. “Pompa y Circunstancia” de Sir Edward Elgar probablemente fuera la mejor elección para amenizar los ánimos, casi como estar frente a una orquesta invisible antes de que estos cinco eternos ídolos nacidos en continentes tan disímiles como América y Europa se materializaran de una vez por todas. Y eso ocurrió cuando Alex Landenburg – que en esta ocasión reemplazaría a Uli Kusch tras los parches, por el problema con su mano que le impide al ex Helloween seguir haciendo de las suyas en la batería – hizo su aparición brazos en alto, para invitar al resto de sus camaradas a tomar posiciones… Al grito de “¡Argentina!” finalmente nuestro (casi) coterráneo Andre Matos se deslizaba escondido bajo un saco de color borravino para dejar que su voz fuese ganando terreno entre el acuciante teclado de Mikko Härkin, y un liderazgo que por primera vez se animó a confiar en la persona de Timo Tolkki, mucho más animada y activa que en antiguas visitas con su primer proyecto, del que logró arrebatar a uno de los mejores bajistas de la escena finesa, Jari Kainulainen. Symfonia no venía con intenciones de protagonizar un show cargado de nostalgia, predecible, basado exclusivamente en el pasado.
Todo lo contrario. Venía dispuesta a dar batalla con las armas con las que “In Paradisum” logró despertar inquietudes hace apenas meses atrás, afiladas y precisas: “Come By The Hills” y “Forevermore”, que encontraron primero al público cantando a capella junto a Matos, para luego abrazar la velocidad a la usanza del primer Stratovarius… Banda que, como era de esperarse, también iba a ser homenajeada en este especial encuentro pero con los temas menos esperados. “4th Reich” fue el mejor ejemplo; tema que conocimos en la voz de Tolkki, y que en esta noche regresaba por cortesía de la gracia y majestuosidad vocal de Matos. Kainulainen, por su parte, agradecido de revivir aquellas rítmicas que lo llevaron directo al pabellón de los bajistas más codiciados, acompañado ahora por un Landenburg que evidentemente trocó el Thrash por el Power, sin dejar atrás la contundencia. Kusch podía descansar tranquilo: el ex Annihilator conoce a la perfección el significado de la palabra versatilidad. Pero nada supera el placer de escuchar como un vocalista se dirije a sus seguidores en el idioma local. Matos es, de todos los frontmen del estilo en el que se especializa, quien logra indefectiblemente una conexión con quienes pueblan el campo, que no es fruto del azar o la casualidad, sino que es parte esencial de su personalidad tablas arriba. “No voy a dar un discurso demagógico, pero ha sido un gustazo volver a Argentina” no tardó en afirmar el brasilero de agudos imposibles y simpatía admirable. Y el calor le sería devuelto desde abajo al momento en que “Rhapsody In Black” tironeaba de las cuerdas de Kainulainen y Tolkki quienes, sin inventar nada nuevo, pusieron sus artes al servicio de temas gancheros, jugosos, entradores. Si bien Härkin se mantuvo casi estático, concentrado únicamente en su trabajo y sin ganar un excesivo protagonismo – al contrario de su colega Johanssen -, tuvo también él su momento de gloria, en una jugada hecha en pos del virtuosismo en un solo que sirvió de puente para “Santiago” y un “Last Night on Earth” de Revolution Reinassance, que lo tuvieron a Tolkki dando saltitos por aquí y por allá, sin problemas de ego con los que lidiar.
Ya le habíamos dado el gusto a Finlandia de seguir a viva voz una de las viejas joyas de Stratovarius, por lo que llegaba el turno de recordar las proezas que ha dado Brasil al ambiente musical. Motivos sobraban entonces para rememorar a “Lasting Child”, aquella pieza circa 1994 de una belleza increíble, injustamente olvidada por Angra con el paso del tiempo. Tolkki y Härkin, Härkin y Tolkki: cuerdas y teclas se unirían en una breve zapada que terminaría en una improvisada competencia para finalmente descansar sobre el Opus 125 de la Novena Sinfonía de Beethoven,“An Die Freude”. Acto seguido, Tolkki abandonaba la eléctrica por una acústica para tomar asiento y dejar que sus fanáticos ganaran la iniciativa en “Stratosphere”, retomando el paso firme para “Don´t Let Me Go” e “In Paradisum”. Landenburg, con una reluciente camiseta argentina desplegándose desde sus hombros, también tuvo su glorioso momento a solas, breve pero deslumbrante, antes de pasar a “Fields Of Avalon”. Pero ya nadie se creía los amagues de abandonar el escenario de estos muchachos. Por eso, el altamente esperado bis no tardó mucho en salir a la luz. Tolkki, Matos, Kainulainen, Härkin y Landenburg se iban a despedir con un poco del viejo repertorio, con un poco del nuevo, y sobre todas las cosas con mucho humor. “Dreamspace” (Stratovarius) junto a “I Did It My Way” (¿Frank Sinatra dijo alguien por ahí? No, no, ¡Revolution Reinassance!), un interludio jazzero con el sello Landenburg-Kainulainen, acusado por Matos de “música de película porno” (sic), y el final del círculo con un cuasi folky “Pilgrim Road”. Cinco gigantes, dos horas de show y… Misión cumplida.
Nuestro agradecimiento a Gabriela Sisti, encargada de prensa de Stargate Productions, por extendernos dos acreditaciones para cubrir este evento
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