Injustamente ignorados durante décadas en su tierra natal, Symphony X ha logrado convertirse – tanto en Europa como en América Latina – en una de las bandas más aclamadas dentro de la escena del Power Prog mundial. Una carrera exitosamente iniciada con su disco homónimo de 1994, y que, actualización de sonido mediante, se mantiene vigente con su formación original intacta. Por ende, su tercera presentación en Buenos Aires no sólo estaba destinada a traer de vuelta los mejores temas de “Paradise Lost”, definitivamente un punto de inflexión en la historia del quinteto, sino incluso a echar un poco de luz sobre algunos de los tracks que componen su novísima producción en estudio, recientemente lanzada en nuestras tierras, “Iconoclast”.
Si por algo se iba a destacar esta fecha, sin embargo, iba a ser por la excelencia de las propuestas nacionales que se encargaron de dejar el escenario bien calentito para el acto principal. Sin previo anuncio, ya cuando el reloj marcaba las 19 hs, tres de los integrantes de Desygnio – Marcelo Lemma en bajo, Lucas Álvarez en guitarra, David Lemma en batería – irrumpieron para, de manera instrumental, ir desandando una introducción con la fuerza del Power Progresivo, etiqueta que sin embargo se demostraría insuficiente para abarcar lo amplio de su propuesta. Pero no fue hasta el ingreso de su vocalista, Joel Juarez, que lo disruptivo dejó lugar a lo melódico, ayudando a organizar jerárquicamente la puesta en escena del ahora cuarteto. A fuerza de tapping y slap, el bajo pronto se posicionó a la par de la viola con ¡nueve cuerdas! para despuntar con una impronta bien técnica. “Constant Motion” de Dream Theater acompañó el setlist propio de estos músicos de Laferrere, quienes tan sólo cuentan con un año y medio de trayectoria, y aún así volaron pelucas con temas como “Bajo Sistema” y “Anti Natural”, éste último dominado por una afinación bien grave y una buena cuota de agregados guturales.
De las tónicas más pesadas, pasábamos luego a una vertiente progresiva, pero a la vez más rockera. Hablamos de lo que Resist, la banda originaria de Santos Lugares, tiene por ofrecer a la hora de rescatar el desempeño de las grandes bandas de los ´70s, aunque con temas que coquetean siempre con la distorsión, elevados por los agudos de un vocalista que supo como darle una identidad más Heavy/Power a su bagaje musical. Claudio Rodríguez en voz, Nicolás Pierce en teclados, Ariel Galera en guitarra, Nicolás Jourdain en batería y Leandro Galera en bajo fueron los responsables de un show muy prolijo y enérgico, marcado por una ejecución tan compleja y rica como lo demanda el género, aunque por desgracia no contaron con un sonidista que pudiera acompañarlos como correspondía en su labor. A la hora de versionar temas ajenos, optaron por rescatar “Wish For A Miracle”, del dúo Allen/Lande, causando una doble sorpresa: en primer lugar, es posible que nadie previera semejante cover, y en segundo lugar, ¡el propio Russell Allen apareció en escena para felicitarlos! Ya hacia el final, el cierre también causaría una excelente respuesta del público, para lo cual el quinteto apeló a un “Metropolis” de Dream Theater excelente.
A continuación, asumiría posiciones una banda que, si bien fue partícipe del festival Power Prog Europe y tuvo la oportunidad de girar por el extranjero, optaría por dar un giro de 180º a la fecha. Es Metal, eso lo damos por sentado, y cuenta con grandes influencias de la producción norteamericana dentro del género en los años 90´s: una notable predominancia de acordes por sobre machaques y solos, afinaciones bajas, temas directos y agresivos… Pero no basta lo musical para describir la propuesta de Sacrum. De hecho, donde más hace pie la banda conformada por Martín Guerrero en guitarra, Talo Silveyra en voz, Diego Cipolla en bajo y Agustín Acosta en batería, es en una estética y una puesta tablas arriba que no puede más que impactar de una forma muy positiva a su audiencia. Con collares luminosos y una indumentaria que es eco de la estilística industrial, el cuarteto se aprestó para recorrer sus dos producciones de larga duración – “Cognition” y “Days Of Quarantine” -, así como presentar temas del que será su tercer trabajo en estudio, como “One Minute Of Rage”. Entre los efectos y las pistas, entre tanta letra en inglés, hizo su aparición un mensaje combativo en castellano para una presentación muy a lo “in your face”, envuelta por un guión teatral que encontró a su frontman apresado en un chaleco de fuerza para luego “volarse la cabeza” con un arma de utilería. ¿Lo único criticable? El cierre del show, empañado por una grosera muestra de sexismo que estuvo de más, dado que hablamos de una banda que puede capturar seguidores por lo que musicalmente lleva a sus espaldas, sin necesidad de caer en lo burdo.
Symphony X es una de las bandas que ha demostrado que es inútil vivir en el pasado. A pesar de que sus raíces musicales puedan rastrearse mucho mejor en sus primeros álbumes – principalmente en “Damnation Game”, “The Divine Wings Of Tragedy” y “Twilight In Olympus” –, estos catedráticos dentro del Power Progresivo siguen ganando voluntades con cada disco que editan. No era sorprendente entonces que este Teatro de Flores estuviera prácticamente repleto, y que tras el “¿Qué pasa, Argentina?” de Russell Allen, todos los presentes se fundieran en un mismo salto para celebrar la aparición de “Of Sins And Shadows”, clásico si los hay en su discografía, que terminaría lanzando a la palestra a uno de los temas más esperados de su repertorio. Sin embargo, la noche recién estaba en pañales; en tan sólo instantes se haría sentir ese recuerdo del último show brindado por el quinteto en Buenos Aires, allá en el 2008, que nos llevaría a rescatar de “Paradise Lost”, album que dominaría toda la velada, un frontal “Domination”. La voz de Allen ya se encontraba perseguida muy de cerca por la destreza de Michael Romeo tras las seis cuerdas, la progresión rítmica de Jason Rullo en batería y Mike LePond en bajo, y la constante intervención de uno de los tecladistas más citados a modo de referencia en el círculo local, Michael Pinnella. Esas salpicaduras jazzeras, esos cortes melódicos y a la vez agitadores: toda esa magia que representan estos estadounidenses y que aún sigue presente en estos tiempos donde parece que el reinado del metal extremo está lejos de ser amenazado.
Poniéndose por un segundo los ropajes de Dio, Allen acompañó cuernos en alto el ingreso del lento “Serpent´s Kiss”, que lo llevaría incluso a bajar hasta donde sus seguidores se amontonaban, a escasos metros de su persona, para cantar cara a cara en un espacio donde los alientos se confundían para terminar siendo uno sólo. Pero el 2011 le pertenece ya a otra producción: del flamante “Iconoclast”, “End Of Innocence” llevó a Romeo a arrancar con su púa los pasajes por momentos melancólicos, por otros vivaces, en un tema con tantas facetas como las que tendría esta performance en vivo que, en sí, no necesitaría de tantos temas para dejar a todas las almas presentes satisfechas. Dedicado a nuestro público, “Paradise Lost” llevó a que, entre tanto celular, se prendiera un encendedor para marcarle el ritmo a Pinella en un lento que poco a poco fue tomando color, electrizándose, hasta contar con la compañía de las palmas de los presentes. Con los barridos a la orden del día, teñidos de cierto neoclásico, volvíamos a la velocidad del “Twilight In Olympus” para que de allí “Smoke And Mirrors” se alzara como la muestra más acabada de ese pasado tan prolífico del que ostentan los norteamericanos, tan sólo mediado por un interludio instrumental capaz de iniciar un fuego que no podía sofocarse con una mera toalla, como pareciera intentarlo Allen. “Eve Of Seduction” llevó a Rullo a lucirse en un solo de bata muy cortito – aunque, como bien dicen, lo bueno, si breve, dos veces bueno – porque aquí no se trataba de competir por ver quién es el más virtuoso: afortunadamente, Symphony X funciona más como banda, que como varios proyectos solistas cohesionados, algo de lo que muchos músicos del progresivo deberían aprender.
“Dehumanized”, rescatando otra vez esa impronta mecanicista y tecnológica que tiene “Iconoclast” a modo de propuesta estética, se propuso abarcar esas aristas más pesadas con las que el quinteto viene experimentando desde hace algunos años; temas más simples, que no centran tanto su atención en lo técnico, pero idénticamente efectivos, y que sirvieron de trampolín para “Set The World On Fire (The Lie Of Lies)”. Los aires de fanfarria anunciaban, una hora y veinte después, la llegada del gran final. Con un impass instrumental muy de los ochentas, estos cinco maestros concatenaron esfuerzos para reproducir en vivo ese ambicioso opus que nos remontó al 2002 para coronar este final de gira mundial aquí en Argentina. “The Odyssey” sintetizó en sí el comienzo y la despedida, el saludo y el abrazo fraterno antes de partir, el calor de un público y el profesionalismo de quienes hoy estaban en escena. Sin necesidad de bis, de halagos forzados, ni de ningún aliciente, Symphony X se retiraba con la satisfacción de haber vencido en una batalla limpia y gloriosa. El público argentino, agracecido por tanto honor.
Nuestro agradecimiento a Lucía Chiarenza de 4G Producciones por extendernos dos acreditaciones de prensa para cubrir este evento
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